Tarde de verano
Las siete de la tarde. Hace rato que hemos regresado de la era. La nocilla del bocadillo me deja una marca en la nariz. Le dije a mamá que me echara bastante. Me gusta tanto la nocilla que la como despacio para no terminarla nunca. Aprieto el pan y sale por los lados. Me gusta la nocilla blanca y negra. Disfruto. Mamá insulta a las moscas que hay en la cocina. Las moscas vienen al pan con nocilla. Un hule viejo de color crema cubre la mesa redonda, en medio un plato con unos polvos amarillos. Es el lugar preferido de las moscas, se paran encima de la mesa. Mamá las espanta. Me voy fuera. Sigo comiendo el bocadillo de nocilla sentada en el banco que hay debajo de la parra, frente a la señora Angela. El banco es de madera y está pintado de verde. En realidad hay dos, uno a cada lado de la mesa rectangular. No se me ha ocurrido preguntarle a la señora Angela la edad que tiene. Pero la veo anciana. Oí decir que tiene muchos hijos, pero yo no conozco ninguno. Bueno, sí, conozco a uno que tiene una carnicería antes de cruzar el puente de la carretera general. No sé como se llama. Tambien recuerdo, ahora, que tiene una hija que trabaja en Gijón. La señora Angela tiene el pelo gris y siempre lo lleva recogido en un moño. Viste de oscuro y lleva un delantal. A veces nos riñe. Por las mañanas no nos deja entrar en la casa. Pero yo no necesito entrar. La habitación de mamá y mía está en el patio y llegamos subiendo una escalera. La señora Angela está tejiendo una colcha con hilo de algodón blanco. Siempre teje cuadritos para hacer colchas. El año pasado estaba tejiendo otra. Quizás fuera la misma, no lo sé. La señora Ángela me ha enseñado a hacer cadeneta y palitos. Me gusta tejer pero en hacer una colcha se tarda mucho. A lo lejos oigo sonar un cencerro. Me levanto del banco y corro hacia el portón. Es de madera, muy grande. Tiene un pestillo de hierro, casi no puedo abrirlo. Pesa mucho. Los niños mayores que hay en la casa me ayudan a abrirlo. Ya están pasando las ovejas.
Hay mucho polvo. El olor a oveja es muy fuerte y me tapo la nariz. También hay alguna cabra y perros. Son cientos de ovejas. Cada día pasan a la misma hora por delante del portón de la casa de la señora Angela y dejan el camino lleno de bolitas de caca. A veces el pastor va delante del rebaño, otras veces va al final del rebaño. Los perros ladran a las que se van quedando atrás y a las que se salen del camino. Aún hace sol pero ya no hace tanto calor como cuando fuimos a la era. Mamá me llama. Entro al patio. El señor vicente ya está regando la huerta. Le pido que me deje mover la palanca de la bomba del pozo. Lleno de agua el lavadero de piedra. El señor Vicente va amontonando y quitando tierra en los extremos de los surcos para guiar al agua. Me da una regadera. La lleno de agua y riego los geranios rojos. Tambien hay geranios rosas. Los geranios no huelen tan bien como las rosas. En el patio hay muchas macetas con geranios. Vuelvo a darle a la palanca de la bomba del pozo para sacar agua y llenar otra vez la regadera. Huele a tierra mojada. Casi todos los surcos de la huerta tienen agua. En una parte hay tomates que están verdes, aunque hay alguno rojo. En otro lado hay judías verdes, también hay lechugas y girasoles. Mama me llama. -–No molestes–– me grita.
Hay mucho polvo. El olor a oveja es muy fuerte y me tapo la nariz. También hay alguna cabra y perros. Son cientos de ovejas. Cada día pasan a la misma hora por delante del portón de la casa de la señora Angela y dejan el camino lleno de bolitas de caca. A veces el pastor va delante del rebaño, otras veces va al final del rebaño. Los perros ladran a las que se van quedando atrás y a las que se salen del camino. Aún hace sol pero ya no hace tanto calor como cuando fuimos a la era. Mamá me llama. Entro al patio. El señor vicente ya está regando la huerta. Le pido que me deje mover la palanca de la bomba del pozo. Lleno de agua el lavadero de piedra. El señor Vicente va amontonando y quitando tierra en los extremos de los surcos para guiar al agua. Me da una regadera. La lleno de agua y riego los geranios rojos. Tambien hay geranios rosas. Los geranios no huelen tan bien como las rosas. En el patio hay muchas macetas con geranios. Vuelvo a darle a la palanca de la bomba del pozo para sacar agua y llenar otra vez la regadera. Huele a tierra mojada. Casi todos los surcos de la huerta tienen agua. En una parte hay tomates que están verdes, aunque hay alguno rojo. En otro lado hay judías verdes, también hay lechugas y girasoles. Mama me llama. -–No molestes–– me grita.
Mañana es mi cumpleaños. Merendaremos en el patio. Vendrá mis amigas Natalia y Luz Esther, ¡me lo han dicho en una carta!. Tambien vendrá Pelayo el hermano de mi amiga Natalia. Seremos muchos niños. Seguro que mamá compra una tarta con velas y hace chocolate. Jugaremos y les enseñaré el libro de los Cinco que mama me ha comprado.
Ya es de noche y cenamos en la mesa que hay al lado del portón. Está mas cerca de la cocina. Despues de cenar mamá me dejará ir a ver la tele a la salita de la señora Angela. No me gusta mucho porque no tiene sofá como el que tenemos en casa. Prefiero ir a pasear. En la “Estrella” hay un concierto. No me dejan entrar porque todavia soy muy pequeña. Pero mamá y yo con otros señores tomamos una cocacola en la terraza. Me quedo dormida y mamá me despierta para irnos a la cama.

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